Hola a
todos:
Les escribo esta carta con ánimo constructivo para compartir una inquietud. Quiero hacer hincapié en una costumbre que se repite demasiado en las noticias y debates: vincular de golpe cualquier acto violento o incívico con los problemas de salud mental o la discapacidad.
Sé perfectamente que esto no se hace por mala fe. Supongo que el ritmo frenético de las redacciones, la presión por el directo y la necesidad humana de encontrar una explicación rápida a lo que cuesta entender provoca ciertos hábitos de los que cuesta desprenderse.
Sin embargo, recurrir a la salud mental como el "comodín" antes de tener datos reales nos hace mucho daño a todos.
Esta inercia la noto muchísimo en las mesas de debate. Seguro que les suena la escena: ocurre un suceso confuso y, acto seguido, alguien en el plató ya está preguntando: "¿Pero esta persona estaba bien de la cabeza?". O cuando el presentador afirma categóricamente el “¡Hay que estar muy enfermo de la cabeza para hacer algo así!”.
Para mí, esta reacción es idéntica a la que sufrimos cuando se comete un delito y el foco se pone de inmediato en la nacionalidad o el origen del sospechoso. En ambos casos, el mecanismo es el mismo. Al igual que señalar el origen estigmatiza a toda la población inmigrante, lanzar sospechas sobre la salud mental convierte a todo un colectivo en el "sospechoso habitual" de la crónica de sucesos.
Cuando asumimos estas ideas por pura inercia, las consecuencias son muy reales:
Colgamos etiquetas falsas: Alimentamos el mito de que las personas con un diagnóstico de salud mental son peligrosas, cuando la realidad y los datos demuestran que este colectivo tiene una probabilidad mucho mayor de ser víctima de violencia que de ejercerla.
Creamos barreras: Señalar a este colectivo de forma automática hace que a la gente le dé miedo pedir ayuda o hablar de lo que le pasa por temor a ser juzgada. Yo he vivido en mis propias carnes el ir a una entrevista de trabajo y que me digan “Tienes experiencia y actitud, pero no sé si tus compañeros estarían a gusto con una persona con tu diagnóstico...”. Y te lo tienes que tragar. Tal vez eso influya en que seamos el colectivo con más desempleo en España.
No les pido que escondan la realidad. Solo les pido un poco de intención para romper esta inercia. La salud mental es un tema médico serio, no un adjetivo rápido para adornar una crónica ni una pregunta comodín para rellenar una tertulia.
Por eso, sugiero que los moderadores y presentadores pongan freno cuando se empiece a especular sobre la salud mental de un acusado de un delito violento. Si alguien que participa en un debate sobre el que una persona ha cometido un acto escabroso nota que se le está etiquetando usando su posible salud mental, rogaría que con elegancia recondujeran el tema a lo que importa, que debe ser el tratamiento informativo, y no a colgar etiquetas en el inconsciente colectivo de sus oyentes.
El periodismo tiene un poder enorme para cambiar inercias y cumplir con su compromiso ético de respetar la dignidad de las personas. Confío en su empatía y profesionalidad para que, dejando atrás las viejas costumbres, hagamos una comunicación más rigurosa, inclusiva y libre de prejuicios.
¡Gracias por su tiempo y por escucharme!
Un saludo:
El Secretari del (DIS)pensador.
